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El Sequé: Triunfo de la monastrell

Bodegas y Viñedos El Sequé.

Un camino hacia un montículo. Unos pinos al fondo. Un caserío también con grandes pinos y alguna palmera caída allí como por casualidad. Una quebrada del terreno, cobijo de viejas cepas. La piedra vieja de las casas. Así es El Sequé, en Pinoso. Un paraje muy cerca del casco urbano de este pueblo, pero que es un viaje en el tiempo, al silencio y a la calma. Desde hace muchos años, el grupo Artadi lo convirtió en su casa Alicantina y así nació bodegas El Sequé.

Desde el principio, su principal materia fue la variedad monastrell. Y con ella han ido creciendo, experimentado, trabajando hasta conseguir unos vinos que tienen uno de los mejores reconocimientos y cariños de la sociedad alicantina. Y unos vinos que han podido transmitir la esencialidad de esta zona. Al principio fueron de los viñedos del propio caserío de El Sequé. Pero con los años han localizado viñas viejas, especialmente en vaso y en duros secanos de parajes al sudeste de Pinoso (carretera de Abanilla y La Algueña) o del área más seca de Monóvar, donde han cultivado con esmero estas plantas tan delicadas. Así han conseguido traernos la perfecta madurez de la monastrell. Que en su caso, es fruta compotada, fresca, toques a regaliz o minerales, complejidad en nariz. Un toque sabroso y seco a la vez que lo hace muy agradable. Digamos que ha sido bandera de los nuevos monastrelles y han sido una de las bodegas artífices del resurgimiento del varietal en la zona.

No en vamos, su “El Seque 2014”, realizado solo con esta uva, ha obtenido el Podio en la Guía Peñín de este 2017, con 95 puntos y una excelente relación calidad precio. No es el único gran reconocimiento: en todas sus añadas y en otros vinos, siempre ha sido constante su gran calidad.

Lo es también en su “Monastrell del El Sequé” un vino más joven, también de esta misma variedad, que presenta toques un poco más frescos y una estructura muy liviana, pero que no deja de ofrecernos ese toque del sol en la monastrell: madurez y alegría, que es parte de su esencia. Esencia que se replica en el  “Dulce de El Sequé” que vuelve a la tradición de los vinos dulces de estos parajes pinoseros.

Además de en sus vinos, la bodega también ha trabajado su entorno y ha recuperado la vieja bodega de estas casas haciéndola crecer con una coqueta nave de crianza metida en la montaña y unas nuevas instalaciones muy modernas. Todo es visitable y es la mejor oportunidad para llevarse por todos los sentidos la experiencia de esta monastrell y de estas tierras alicantinas, esenciales para comprender como somos como paisaje y paisanaje.

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